Canalizo de la Caleta
Cuando vamos paseando hacia el castillo de San Sebastián, uno de los lugares más bonitos de La Caleta es el “Puente Canal”. Es tradicional para los gaditanos como lugar desde el que saltar los más jóvenes y atrevidos pero el bajar la marea vemos que queda una “línea de fractura” en la roca ostionera sospechosamente recta para responder a causas naturales. Se abre unos metros hacia el océano pero es mucho más larga hacia la Caleta, incluso balizada con unos postes de madera.
Según al gaditano en general o incluso al caletero que preguntemos nos podrá dar alguna explicación sobre su origen más o menos acertada. Tal como refiere Adolfo Morera en su artículo en El País Gaditano, se talló en 1797.
En esa fecha la Bahía de Cádiz estaba blóquela por la flota inglesa atacando incluso la ciudad de Cádiz. La respuesta que podíamos dar se basaba en unas pequeñas lanchas cañoneras. No eran más que pequeñas embarcaciones en las que se montaba un cañón. Obviamente eran muy inferiores a las naves inglesas pero contaban con la ventaja de la agilidad en sus movimientos y su pequeño tamaño. De hecho también se utilizaba en los caños entre San Fernando y Chiclana.
Hubo ocasiones en las que incluso hicieron retroceder a los asediadores pero quedaba claro que las cañoneras de La Caleta tardaban demasiado en llegar hasta el Campo del Sur para defender esta zona de la ciudad, menos fortificada que la de la bahía. Por esta razón se construyó este canal tallando la roca ostionera. De esta forma las cañoneras no tenían que rodear el castillo de San Sebastián, que es una zona peligrosa para la navegación por su fondo rocoso especialmente con la marea baja y por las fuertes corrientes. Tengamos siempre en cuenta que nos referimos a pequeñas embarcaciones movidas únicamente a remo o a vela. Los trabajos corrieron a cargo del ingeniero militar Francisco Sabatini.
El coste tampoco se estimaba elevado ya que sería inferior al beneficio obtenido por la venta de la piedra extraída. Usando nomenclatura de la época, se trataba de facilitar el paso de las cañoneras hacia la “Bahía de Santa Maria”, frente a Capuchinos. Desde allí podrían atacar las bombardas caso de que el enemigo intentara bombardear la ciudad.
No es necesario explicar que resultaba impracticable durante las bajamares. ¿Opciones? Esperar a la pleamar o arrastrar las pequeñas embarcaciones por el canalizo y pasar bajo el puente.